miércoles, 11 de junio de 2008

¿A qué sabe estar muerto?




Una pistola puso el punto final a tus pesadillas. La razón se la devoran los gusanos junto a tu corazón valiente.

Eres uno de esos tantos cobardes eficientes que he conocido a lo largo de mi existencia; quizá el más impertinente del mundo.

Yo no puedo más que laurear tu decisión, alabar tu valentía y llorar tu cobardía. A final de cuentas uno decide qué hacer con su vida.

Las penas no fueron a tu misa de muertos, tus ilusiones se han ido de vacaciones, tus sueños se murieron borrachos en el incendio de tu cerebro. Ahora quizá estés fumando con el viejo arenero que no sabe detener el tiempo.

¿A qué sabe estar muerto?

El espejo no contesta.

Un par de rosas cada año, una ligera lágrima que el tiempo vuelve olvido. Todo eso no es suficiente para ti. Nunca te conocí, pero eras mi hermano, una parte de mi. Ahora eres viento y frases hipócritas de dolor, serás recuerdo y melancolía mientras dure mi cigarro, después sólo serás un epitafio.

¿A qué sabe estar muerto?

A estar vivo leyendo esto.

No hay comentarios: